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  • Alejandro M. López

En Argentina está permitido regar los viñedos. En Francia, ¿está prohibido?

Actualizado: 2 ago 2019




Momento! En Francia se levantó la prohibición de irrigar los viñedos el 8 de Septiembre de 2017.


Sí, leíste bien... y fue una sorpresa para mí también.


La realidad es que a partir del Decreto n° 2017-1327 emitido por la INAO (Institut national de l'origine et la qualité) se actualizaron las leyes históricamente vigentes y se ratificó la autorización de irrigar viñedos aptos para la producción de vinos de Apelación de Origen Controlado (AOC) bajo determinadas condiciones de estrés hídrico y respetando los requerimientos específicos de la AOC: volumen de producción (hectolitros por hectárea), calidad, etc.


El estrés hídrico se produce por la carencia de agua durante períodos prolongados de tiempo... y cuando el nivel de estrés es muy elevado, las plantas detienen casi por completo su producción y entran en un estado de supervivencia −o de alerta−, donde el metabolismo del viñedo se vuelve mínimo o basal; el metabolismo basal es el valor mínimo de energía necesaria para que una célula subsista. Con lo cual, sin agua suficiente, los racimos no maduran correctamente, y por ende, no hay vino de calidad que sea posible... si es que la planta no muere antes.


En Argentina, la mayor parte de los viñedos están distribuidos en la zona cuyana contra la Cordillera de los Andes −principalmente Mendoza y San Juan− donde la cantidad de lluvias anuales pueden variar −en promedio− entre los 220 mm y los 350 mm en Mendoza, y alrededor de los 100 en San Juan; hay años más secos y otros más húmedos, pero en general son consideradas zonas desérticas de tipo continental donde la aridez es moneda corriente y la producción agrícola y económica sólo es viable en los oasis artificiales que el hombre ha creado a través de los canales de riego y la perforación de pozos de agua subterránea. Es la cordillera misma la que actúa como barrera orográfica impidiendo el paso del agua desde el océano Pacífico: las masas de aire ascendentes del oeste se enfrían y precipitan del lado chileno y en la cordillera... y cuando pasan del lado argentino, terminan por ser cálidas y secas; el viento Zonda es quizás su expresión más intensa.


Sin agua, vuelvo a repetir, el desierto no perdona... y es por ello que una prohibición de irrigación en Argentina sería inviable.


En Francia, sin embargo, como el clima es más bien de tipo oceánico y los promedios de lluvias anuales en las zonas vitivinícolas pueden variar entre los 900 y los 1.200 mm, el riego estuvo considerado como innecesario, y en muchos casos, considerado como mala palabra... es decir: más agua, provoca altos rendimientos, vinos diluidos y baja concentración de polifenoles; prácticamente sería como hacer trampa, pero sobre todo, bajar la calidad del vino. Sin embargo, con el aumento recurrente de las sequías, la falta de agua, las altas temperaturas, y el cambio climático progresivo, son muchos los productores que han puesto el grito en el cielo reclamando la autorización al riego... y gracias a todo ello se logró el decreto y el levante de la prohibición.


Es sabido que los viñedos responden de manera positiva a un estrés hídrico moderado: cuando el viñedo está bien adaptado a su medio ambiente y las condiciones de humedad son las correctas, las raíces buscan la profundidad −si la estructura y porosidad del suelo lo permiten−, los polifenoles maduran correctamente y se genera un equilibrio adecuado que se traduce en la calidad de los racimos: taninos maduros, buena concentración de azúcares con el potencial de alcohol necesario y la justa acidez que haga salivar y despierte las papilas gustativas; no lo olviden: morder una baya de uva en su punto justo de madurez es puro placer... ça croque en bouche!


Repito, sin agua no hay saliva... y al igual que las plantas, que beban lo que haga falta; que para vinos... estamos nosotros!


Salud (santé)!


Alejandro María Lopez

Caudrot, 1 de Agosto de 2019




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